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Apertura de puertas en Madrid

Se abre sin dañar la cerradura siempre que el mecanismo lo permita. Aquí tienes las técnicas que se usan y, sobre todo, los casos en los que el mecanismo no lo permite.

Primer plano de una llave metida en el bombín de una cerradura moderna.

Te decimos cuándo llegamos

A cualquier punto de Madrid

Por qué te has quedado fuera

Casi todas las llamadas de apertura son una de estas cinco, y entre ellas hay más diferencia de la que parece. En una la cerradura está perfecta y solo falta la llave. En otra el mecanismo ya venía roto de antes, y entonces abrir es la mitad del trabajo.

  • Las llaves se han quedado dentro

    La puerta se cierra sola y las llaves están en el mueble de la entrada. Es el caso más limpio de todos: la cerradura funciona, solo falta la llave, y se trabaja sobre el cilindro sin tocar nada más.

  • Has perdido las llaves

    Se entra igual, pero la conversación no acaba ahí. Hay una llave tuya circulando, y conviene decidir en la misma visita si se cambia el cilindro o se deja como está.

  • La llave se ha partido dentro del bombín

    Si el trozo asoma, muchas veces sale con una herramienta de extracción. Si se rompió a ras y además había girado, el cilindro suele quedar para cambiar y esto pasa a ser una reparación.

  • La puerta se ha cerrado con la llave puesta por dentro

    El caso que más complica una apertura, y el que menos gente se espera. Con una llave metida por dentro, un cilindro corriente no admite la de fuera y hay que ir por otro camino.

  • El cierre metálico del local no sube

    Persianas y cierres de ballesta son otra mecánica: candado, cerradura de suelo o el propio eje. Se abren igual, pero cuál de las tres ha fallado se ve en el sitio.

Cómo funciona una apertura de puertas sin romper nada

Ganzúa, bumping, impresión, extracción. Las cuatro palabras aparecen en casi cualquier web de cerrajería y casi nunca vienen con la explicación al lado. Son cuatro formas de llegar al mismo sitio.

Dentro de un bombín hay una fila de pistones partidos en dos mitades. La llave correcta sube cada uno hasta que todos los cortes quedan alineados en la misma línea, la que separa el rotor del cuerpo del cilindro. Alineados los cortes, el rotor gira y el pestillo se mueve. Abrir sin llave consiste en llegar a esa línea por otro camino.

Ganzuado

Se aplica al rotor una tensión mínima con una herramienta plana y, con una segunda varilla, se empujan los pistones de uno en uno. Como el cilindro está pidiendo girar, cada pistón que alcanza su altura se queda apoyado en el borde y ya no vuelve a bajar. Cuando se quedan arriba todos, el rotor gira.

Es la técnica que más depende de lo que haya puesto en la puerta. Un cilindro básico se ganzúa. Uno con pistones de perfil especial devuelve enganches falsos, y hay puertas en las que insistir sale más caro en tiempo que sustituir la pieza.

Bumping

Un golpe, y nada más. Se usa una llave limada hasta el fondo en todos sus dientes: se mete en el bombín y se golpea el culatín mientras la otra mano hace una tensión muy suave. El impulso pasa de los pistones de abajo a los de arriba, que saltan una fracción de segundo, y en ese hueco el rotor gira.

Es el principio de las bolas de billar. La de abajo recibe el golpe, la de arriba sale despedida. De ahí viene la palabra «antibumping» que llevan tantas cajas de cilindro, y el mecanismo completo, con lo que hace cada protección, está explicado en la página de cambio de bombín.

Impresión

Una copia hecha en el sitio. Se introduce una llave en bruto, se fuerza un poco el giro y los pistones que no están a su altura dejan una marca en el metal blando. Se lima por donde ha marcado, se vuelve a meter, se repite. Cuando ya no marca ninguno, la llave gira sola.

Funciona con perfiles corrientes y con tiempo por delante. Con llaves de puntos, de doble paletón o de perfil registrado no hay bruto que meter, así que se descarta antes de sacarla del maletín.

Extracción y taladro del cilindro

Estas dos sí dañan, y conviene decirlo con todas las letras. La extracción agarra el bombín por su cara exterior y lo arranca del cuerpo de la cerradura. El taladro atraviesa la línea de pistones para dejar el rotor libre.

En los dos casos el cilindro se destruye y hay que montar otro en la misma visita. La caja de la cerradura, la que va dentro de la hoja, se salva casi siempre. Es el último recurso, y por eso se habla de él por teléfono, antes de salir, cuando todavía puedes decidir.

Cuándo no se puede abrir sin dañar la cerradura

Se abre sin dañar la cerradura siempre que el mecanismo lo permita. Toda la información útil está en la segunda mitad de la frase, así que aquí van los cuatro casos en los que el mecanismo no lo permite.

La llave puesta por dentro

Un cilindro corriente tiene un solo rotor y un vaivén que atiende a las dos bocas. Con una llave metida por dentro, la de fuera no llega al fondo ni engancha el vaivén, y ninguna técnica de las de arriba tiene por dónde empezar. El mecanismo se queda sin acceso desde fuera, así de sencillo.

Lo resuelven los cilindros de doble embrague, que llevan un embrague independiente a cada lado y permiten abrir por fuera con la llave puesta por dentro. Si tu bombín no lo es, lo que queda es extraerlo.

Merece la pena saberlo hoy, con la puerta abierta y sin prisa: es el único caso de esta página que puedes eliminar por adelantado, cambiando la pieza antes de necesitarla.

Cilindros anti-bumping, anti-ganzúa y anti-taladro

Aquí está la paradoja que nadie escribe. Un cilindro que resiste el ganzuado resiste a quien entra a robar y también al cerrajero que has llamado tú. Los insertos de acero que frenan la broca no distinguen quién la sujeta.

Cuanto mejor sea el bombín que compraste en su día, más probable es que la apertura acabe siendo una sustitución. Es exactamente para lo que pagaste el día que lo compraste. Qué hace cada protección y por qué funciona está en los grados de seguridad de un cilindro.

Multipunto y acorazadas con doble cierre

En una puerta blindada con cerradura multipunto, los varios bulones se mueven todos con el mismo giro de llave, así que abrir el cilindro los recoge a la vez. Ahí no hay complicación añadida.

La complicación llega cuando hay dos cierres independientes, que es lo normal en acorazadas y en muchas puertas con segunda cerradura de sobreponer. Son dos mecanismos separados, con su propio cilindro, y hay que resolver los dos. Y si además está echada la condena desde dentro, la puerta está bloqueada a propósito, que es otra conversación y otro trabajo.

La cerradura ya estaba rota antes de llamar

Si la llave iba dura desde hace semanas, si había que levantar la puerta para cerrar o si el pestillo salía a medias, el mecanismo ya venía fallando. Una apertura limpia necesita una cerradura que funcione. Sobre un mecanismo que ya patinaba, las técnicas finas se quedan sin apoyo.

Cuando pasa esto, lo que empieza como apertura termina en reparación de cerraduras, y conviene contarlo por teléfono aunque parezca un detalle menor. Cambia el diagnóstico entero.

Qué pasa entonces con la puerta y con el bombín

Lo primero, la buena noticia: la puerta casi nunca es lo que se rompe. Se sustituye el cilindro, que es una pieza suelta sujeta por un tornillo del canto, y la hoja se queda como estaba.

El escudo se salva si no ha quedado deformado. La caja de la cerradura, salvo que fuera ella la averiada, sigue sirviendo. Y si en ese momento no tienes claro si toca solo el cilindro o el conjunto, el árbol de decisión por síntomas está en la página de cambio de cerraduras.

Todo esto se dice antes de empezar. Es la diferencia entre un presupuesto y una sorpresa.

Qué tipo de puerta tienes

Una puerta de piso normal, de madera y con un solo punto de cierre, es la más agradecida: el cilindro queda accesible y hay holgura con la que trabajar.

En una blindada, la hoja lleva chapa de acero por dentro y suele haber multipunto. El cilindro se trabaja igual, pero se acabaron los atajos por el resbalón.

En una acorazada van reforzados la hoja y el marco, con bulones repartidos por varios lados. No tiene punto flojo, y esa es precisamente la razón por la que la vía es el cilindro y solo el cilindro.

Los cierres metálicos de local son otro oficio dentro del mismo oficio. Puede fallar el candado, la cerradura de suelo o el eje del enrollador, y hasta que no se ve el cierre no se sabe cuál de los tres es. En puertas de garaje, muchas veces ni siquiera hay cerradura que abrir: hay un desbloqueo manual del motor y lo que ha fallado es el automatismo.

Qué no hacer antes de que llegue nadie

No fuerces la llave que ya no gira. Si cede, se parte dentro y el trabajo se complica: ahora hay que extraer el trozo antes de poder hacer nada.

No insistas con una copia que entra a medias. Las copias mal cortadas dejan limaduras dentro del cilindro y a veces se quedan enganchadas.

Y olvídate de la tarjeta y de la radiografía salvo en el único caso donde eso funciona: resbalón echado, sin llave dada y con holgura. Con la llave echada no vas a mover nada, y en el intento se dobla el resbalón y se raya el marco.

Lo que sí puedes probar es tirar de la puerta hacia ti, o empujarla contra el marco, mientras giras la llave. Un pestillo que está haciendo fuerza contra el cerradero no sale, y a veces el problema es solo ese: la puerta se ha descolgado un poco y el pestillo va apretado.

¿Es urgente o puede esperar?

Estar fuera de casa a las dos de la mañana es urgente, y no hay más que discutir. Pero no todas las llamadas de apertura son esa.

Si estás dentro y la puerta cierra aunque cueste, aunque haya que levantarla o empujar, eso aguanta hasta mañana. Lo que tienes es una puerta descolgada o hinchada por la humedad, y eso se arregla con un ajuste de carpintería.

Si la puerta ya no cierra, la casa se queda abierta, y entonces sí es urgente aunque sean las tres de la madrugada. El criterio no es la incomodidad: es si la vivienda queda protegida esta noche.

Lo que ocurre entre la llamada y el portal está contado paso a paso en la página de cerrajero urgente.

Corte de tres puertas visto desde arriba: normal con hoja y cerco de madera, blindada con chapa de acero en la hoja pero cerco de madera, y acorazada con hoja y cerco de acero anclado al muro con cierre multipunto.
Qué puerta tienes condiciona si se puede abrir sin dañarla. El cerco importa más que la hoja.
Tabla de cuatro situaciones que impiden abrir sin dañar la cerradura: la llave puesta por dentro, un cilindro anti-bumping o anti-taladro, dos cierres independientes y una cerradura que ya fallaba antes de llamar.
Se abre sin dañar la cerradura siempre que el mecanismo lo permita. Estos cuatro casos son la excepción.
Puerta de piso normal
Hoja de madera con una cerradura embutida y un punto de cierre. Desde fuera solo asoman el bombín y la manilla.
Puerta blindada
Una hoja de madera con chapa de acero dentro, casi siempre con cerradura multipunto. Pesa mucho más que una normal y suena macizo al golpearla.
Puerta acorazada
Aquí van reforzados la hoja y también el marco, con bulones que entran en el cerco por varios lados. Suele llevar bisagras ocultas y placa de anclaje.
Cierre metálico de local
Persiana enrollable o cierre de ballesta, con candado, cerradura de suelo o bloqueo en el eje del enrollador.

Cómo se pide y qué pasa después

  1. Nos cuentas qué puerta es y qué ha pasado

    Tipo de puerta, portal y planta, si la llave está puesta por dentro y si la cerradura ya iba rara antes. Con eso se sabe casi siempre por dónde va a ir la apertura.

  2. Te decimos el precio antes de salir

    Con el diagnóstico de teléfono delante, y diciendo también qué pasaría si al llegar la cosa fuera otra. Si al abrir aparece algo distinto, se para y se te vuelve a decir.

  3. Se comprueba que puedes entrar

    Antes de tocar la puerta se pregunta por algo que te vincule a esa vivienda. Son treinta segundos incómodos y es lo que evita abrirle la casa a quien no debe.

  4. Se empieza por lo que no deja marca

    Primero las técnicas que dejan el cilindro intacto. Solo se pasa a extraerlo o taladrarlo cuando el mecanismo no deja otra salida, y eso se te dice por teléfono, con tiempo para preguntar.

Preguntas frecuentes

Siempre que el mecanismo lo permita, sí, y sin que quede marca. Lo que decide es el estado del cilindro y si hay algo bloqueándolo por dentro; la marca de la puerta pesa mucho menos de lo que parece. Cuando no se puede, se sabe antes de empezar y se te dice antes de empezar.

Bastante. Un cilindro corriente tiene un solo rotor para las dos bocas, y con la llave metida por dentro la de fuera ni entra ni engancha. Si el bombín no es de doble embrague, la salida realista es extraerlo y montar otro.

Sí, y se trabaja igual que en una normal, porque la vía sigue siendo el cilindro. Lo que cambia es que ahí no hay plan B: en una puerta de piso corriente a veces se puede jugar con el resbalón, y en una acorazada no hay holgura por donde intentarlo.

Depende de cómo se haya abierto y de por qué te quedaste fuera. Si se abrió sin tocar el cilindro y tus llaves están controladas, no hace falta nada. Si hubo que extraerlo o taladrarlo, se sustituye en la misma visita; y si perdiste las llaves, lo que pide el cambio es la llave que anda suelta por ahí.

Solo en un caso: puerta con el resbalón echado, sin llave dada, y con holgura entre hoja y marco. En cuanto la llave está echada, no hay nada que hacer con una lámina de plástico. Y en el intento se dobla el resbalón, se raya el cerco y quedan marcas que después parecen otra cosa.

De dónde sale lo que decimos aquí

Todo lo que afirma esta página viene de una fuente pública que puedes consultar. Lo que no tiene fuente, no está escrito.

Dónde trabajamos

Este servicio se presta en toda la Comunidad de Madrid. Estas son las zonas con página propia, donde contamos cómo es cada una:

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