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Cambio de bombín en Madrid

El bombín es la pieza donde entra la llave y se sustituye él solo, sin tocar la cerradura. Aquí tienes qué lo protege de verdad y qué es solo una palabra impresa en la caja.

Detalle de un cilindro de cerradura junto a su llave, con los pitones a la vista.

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Cuándo se cambia un bombín

Un bombín no se rompe de un día para otro: avisa durante semanas y casi nadie le hace caso hasta que la llave se queda a medias un domingo. Estas son las señales que llegan por teléfono, y en la mayoría la cerradura está perfectamente.

  • La llave va dura o hay que buscarle el punto

    Cuando hay que mover la puerta, probar dos veces o girar despacio para que entre, la pieza ya se está gastando por dentro. Fallar del todo es cuestión de tiempo.

  • Hay copias que no controlas

    Mudanza, obra, una inmobiliaria, un inquilino que se va. La cerradura funciona perfectamente y lo que sobra son llaves: eso se resuelve con el cilindro y nada más.

  • El bombín sobresale del escudo

    Lo que asoma se puede agarrar con un alicate de presión y partir por torsión. Es un fallo de montaje muy común y se corrige con un cilindro de la medida correcta.

  • Han forzado la puerta, aunque siga abriendo

    Un cilindro que ha aguantado un intento ha trabajado con piezas dobladas. Sigue girando, sí, pero ya no es el que se montó y falla más tarde y peor.

  • Quieres subir de nivel sin tocar la cerradura

    Si la caja va bien, el salto de seguridad se hace en el cilindro y en el escudo, sin desmontar el conjunto ni cambiar la manilla.

Antes de un cambio de bombín: qué es cada pieza

Son tres piezas distintas y casi todo el mundo las llama «la cerradura». Separarlas es lo que evita pagar un conjunto entero cuando lo que falla es una pieza de recambio.

El bombín, o cilindro, es donde entra la llave. Un cuerpo metálico con un rotor dentro y una fila de pistones que solo se alinean con la llave correcta. Lo sujeta un tornillo que entra por el canto de la puerta, y esa es toda su fijación: está pensado para salir y entrar.

La cerradura es la caja con el mecanismo, alojada dentro de la hoja si es embutida o atornillada por la cara interior si es de sobreponer. Ella mueve el pestillo y, en las multipunto, los bulones de arriba y abajo. El cilindro solo le da la orden de giro.

El escudo es la pieza metálica que rodea la boca del bombín por fuera. Tiene un único trabajo, y es que nadie pueda agarrar el cilindro para arrancarlo o partirlo. Contra el ganzuado o el bumping no hace nada, porque no es lo suyo.

Con esto delante, la lógica cae sola. El bombín se sustituye siempre solo. El escudo también, y muchas veces es lo primero que compensa. La caja de la cerradura es la que obliga a desmontar, y por eso es la última a la que se llega. Si no tienes claro cuál de las tres es la que falla en tu puerta, el árbol de decisión por síntomas está en la página de cambio de cerraduras.

Cómo se mide un bombín

Los cilindros de perfil europeo, que son la inmensa mayoría de las puertas de piso en Madrid, se miden desde el centro del tornillo de fijación hacia cada lado. Dos cifras separadas: primero la parte exterior, después la interior.

La razón es práctica. Un bombín de la longitud total correcta pero descentrado deja un lado corto y otro asomando, y lo que asoma se puede agarrar. Por eso la medida se anota siempre por lados y por eso el cilindro tiene que quedar a ras del escudo por la cara de fuera.

Sal al rellano y mira tu puerta de frente: si el bombín sobresale de la chapa que lo rodea, tienes trabajo pendiente aunque la llave gire perfecta.

La norma UNE-EN 1303, y qué hacer con ella

UNE-EN 1303 es la norma europea que clasifica los cilindros para cerraduras. En España la publica la Asociación Española de Normalización, que es quien adopta aquí las normas europeas, y su texto se consulta en el catálogo de UNE.

Aquí no vas a encontrar el desglose de esa clasificación copiado de oído. Ese desglose está en el documento de la norma, y reproducirlo de memoria sería justo lo que hace el resto del sector con la palabra «alta seguridad»: repetir algo que suena técnico sin haberlo comprobado.

Lo que sí puedes hacer sin leerla, y es lo útil: pedir la clasificación del modelo concreto que te vayan a montar. Los fabricantes serios la publican en la ficha del producto, con su documentación detrás. Ese dato se comprueba solo, sin que nadie tenga que caerte bien.

Merece la pena saber que existe por un motivo muy práctico: «alta seguridad» no significa nada, porque no lo regula nadie; una clasificación, sí.

Cómo se ataca un bombín y qué protección lo frena

Cada palabra que llevan las cajas de cilindro corresponde a un ataque concreto. Las técnicas están explicadas por dentro en la página de apertura de puertas; aquí va lo que interesa cuando estás decidiendo qué comprar, que es qué frena cada cosa.

Bumping

El ataque es un golpe seco sobre una llave limada al fondo, que hace saltar los pistones superiores una fracción de segundo mientras la otra mano hace tensión. En ese instante el rotor gira.

Lo neutraliza un diseño que rompa esa cadena de impulsos: pistones de formas que no transmiten el golpe limpio, muelles de durezas distintas, elementos falsos intercalados en la fila. Todo eso vive en la geometría de las piezas de dentro, y por eso se paga.

Ganzuado e impresión

El ganzuado sube los pistones uno a uno aprovechando la tolerancia del cilindro. La impresión fabrica una copia limando un bruto donde los pistones van dejando marca.

A los dos les complican la vida los pistones de perfil especial, que se enganchan en falso y dan lecturas que no son, y las llaves que no son de dentado clásico. Un perfil de puntos o de doble paletón deja a la impresión sin material con el que trabajar.

Extracción y rotura por torsión

Aquí es donde entra el escudo, y es la parte que más gente se salta. La extracción agarra el cilindro por fuera con una herramienta de presión y lo arranca de su alojamiento; la rotura por torsión lo parte por la zona del tornillo.

Los dos ataques necesitan lo mismo: algo que agarrar. Un escudo de calidad, con la boca ajustada al cilindro y con cuerpo giratorio, quita ese agarre. Y un bombín montado a ras se lo quita también. Por eso la pareja escudo más medida correcta rinde más que subir de gama el cilindro dejándolo asomar.

Taladro

Lo que se taladra es la línea de pistones, para que el rotor quede libre y gire sin ellos. La hoja de la puerta ni se toca.

Contra eso van los insertos de acero templado que llevan dentro los cilindros de gama alta, colocados justo delante de los pistones y del rotor. La broca patina y no avanza. Vale la pena saber que ese mismo inserto es el que hace que, en una urgencia, la apertura acabe siendo una sustitución.

Doble embrague

Este va de otra cosa, y es el que más gente agradece haber puesto. Un cilindro de doble embrague permite abrir por fuera aunque haya una llave puesta por dentro, porque cada cara trabaja con un embrague independiente.

Es la diferencia entre una apertura limpia y una sustitución el día que la puerta se cierre con las llaves en la cerradura por dentro, cosa que pasa más de lo que parece en casas con niños o con personas mayores. Y solo sirve de algo si el cilindro está puesto antes: cuando llamas, ya es tarde para elegirlo.

Amaestramiento: qué es y para quién tiene sentido

Amaestrar es diseñar un juego de llaves donde cada cilindro acepta la suya y, además, una llave maestra los abre todos. Es un plan de combinaciones que se calcula antes de fabricar los cilindros, así que se decide al principio del todo.

Donde de verdad se nota es en comunidades. En un edificio hay portal, cuarto de contadores, trasteros, azotea, garaje y a veces sala de calderas, y la alternativa al amaestramiento es un llavero de siete llaves para cada vecino. Con un plan bien hecho, el propietario lleva la de su piso y la del portal, el administrador tiene acceso a las zonas comunes y el mantenimiento a lo suyo y a nada más.

Para administradores de fincas hay tres decisiones que conviene tomar antes de firmar nada, y son las que casi nadie cuenta.

La primera es quién tiene maestra. Cuantas más maestras circulan, menos vale el plan; conviene que esté por escrito quién tiene cada una, con nombre y fecha de entrega, y que se recoja la llave cuando alguien deja el cargo o cambia la empresa de limpieza.

La segunda es la copia protegida. Si las llaves del plan se copian en cualquier ferretería, el amaestramiento se queda en una comodidad de portal. Con perfil registrado, las copias solo se hacen presentando la tarjeta de propiedad, y esa tarjeta la custodia la comunidad. Conviene preguntar también hasta cuándo dura esa protección, porque las patentes caducan y ese dato lo publica el fabricante.

La tercera es la escala. Un plan grande reparte más combinaciones y crece la lista de quién abre qué; si un edificio va a rehabilitarse por fases, el plan se diseña pensando en las fases desde el primer cilindro.

Y la limitación que hay que decir en voz alta: perder una llave maestra obliga a rehacer el conjunto entero. Es un gasto de comunidad que llega de golpe y sin avisar, y el registro de llaves es justo lo que evita ese día.

En locales con varios accesos y en pisos de alquiler vale la misma lógica a menor escala: una llave de propietario que abra todo, una por inquilino, y cambio de cilindro cuando alguien se va sin devolverla.

Marcas: qué mirar en lugar del nombre

En esta página no vas a ver una lista de fabricantes ni una recomendación de cuál es el mejor. Sirve de poco: las gamas cambian cada temporada y la misma marca vende cilindros muy distintos.

Lo que sí distingue un cilindro de otro son cuatro datos, y los cuatro los publica el propio fabricante. La clasificación del modelo concreto, con su referencia. Si la llave es de copia protegida y con qué documento se copia, porque una llave que duplica cualquiera reduce a cero lo que pagaste por el cilindro. Si el recambio se consigue en Madrid el mismo día o hay que pedirlo, que el día que se rompa te va a importar mucho. Y la medida, que se toma en tu puerta.

Un apunte que ahorra dinero: montar un cilindro caro en una cerradura que ya falla no arregla la cerradura. Si la llave gira pero el pestillo se queda a medias, o si hay que levantar la puerta para cerrar, el problema está en la caja o en el ajuste, y eso se ve en reparación de cerraduras antes de gastarse nada en el cilindro.

Vista despiezada de las tres piezas de una cerradura: el escudo, que es la placa exterior; el bombín, el cilindro donde entra la llave y que atraviesa la puerta; y la cerradura, el mecanismo alojado en el canto que mueve los pestillos.
Son tres piezas distintas y se cambian por separado. Esta es la que más confusión genera.
Bombín visto de lado con el tornillo de fijación marcado en el centro y dos cotas que salen de él: treinta milímetros hacia el lado exterior y cuarenta hacia el interior.
Un bombín no se mide de punta a punta: se mide desde el centro del tornillo hacia cada lado.
Cuatro esquemas con las formas de atacar un bombín y la defensa de cada una: bumping con pitones saltando, ganzuado con ganzúa y llave de tensión, taladro contra el inserto de acero, y extracción con rotura programada.
Cada defensa cubre un ataque distinto. Un bombín no protege contra todo a la vez.

Cómo se pide y qué pasa después

  1. Mándanos una foto del canto de la puerta

    Con la puerta abierta se ve la marca, el modelo y el tornillo de fijación. Es lo que más acelera saber si el cilindro va en la furgoneta o hay que pedirlo.

  2. Mide el bombín, si te animas

    Desde el centro del tornillo hacia cada lado, y las dos cifras por separado. Si no lo tienes claro, se mide al llegar y no pasa absolutamente nada.

  3. Te decimos el precio antes de salir

    Con el modelo y la medida delante. Si el cilindro que quieres hay que pedirlo, se te dice ahí y decides si se monta uno provisional mientras llega.

  4. Se monta y se prueban todas las llaves

    Con la puerta abierta y con la puerta cerrada, una por una y por los dos lados. Las llaves antiguas se quedan contigo, aunque ya no abran nada.

Preguntas frecuentes

El bombín es la pieza donde metes la llave. La cerradura es la caja con el mecanismo que mueve el pestillo y los bulones. El bombín se saca aflojando un tornillo del canto de la puerta y se cambia solo, sin tocar la caja, y por eso muchas veces no hace falta cambiar nada más.

El bumping abre el cilindro de un golpe calibrado que hace saltar los pistones una fracción de segundo. Un cilindro antibumping lleva pistones o muelles que no transmiten ese impulso limpio, así que el golpe se pierde por el camino. Ojo: la palabra impresa en la caja no la regula nadie. Pide la clasificación del modelo concreto.

Si sobresale por fuera, sí, y de los serios: lo que asoma se agarra con unas tenazas y se parte por torsión, que es de los ataques que menos herramienta necesitan. Se corrige con un cilindro de la medida correcta o con un escudo que lo tape. Si lo que sobra es por dentro, molesta pero no es un riesgo.

Se puede: es un tornillo en el canto de la puerta, se saca el viejo con la llave girada un poco y entra el nuevo. Donde se atasca casi todo el mundo es en la medida, porque se compra por longitud total en vez de medir desde el tornillo hacia cada lado, y el cilindro queda descentrado o asomando. En puertas con multipunto, además, la leva tiene que ser la que pide esa cerradura. Si al montarlo no gira suave, no lo fuerces.

Depende de qué llave sea. Si es una individual, se cambia ese cilindro y se vuelve a integrar en el mismo plan de llaves, y el resto de la comunidad no se entera. Si la perdida es una maestra, abre todo lo que abría, así que hay que rehacer el conjunto. Es la razón por la que conviene apuntar desde el primer día quién tiene cada llave.

De dónde sale lo que decimos aquí

Todo lo que afirma esta página viene de una fuente pública que puedes consultar. Lo que no tiene fuente, no está escrito.

Dónde trabajamos

Este servicio se presta en toda la Comunidad de Madrid. Estas son las zonas con página propia, donde contamos cómo es cada una:

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