Qué significa un cerrajero 24 horas, y qué no
Es la etiqueta más repetida del sector y casi nunca dice qué hay detrás. Merece la pena aclararlo, porque abundan las webs que anuncian veinticuatro horas en la cabecera y publican en su propia página de contacto un horario de oficina que lo desmiente. Ninguna explica cuál de las dos cosas es la buena.
Aquí el horario vive en un solo sitio del código y de ahí sale impreso en todas las páginas. El que ves en la cabecera es el que vale, y el día que cambie cambiará en la web entera a la vez. No hay una versión para la portada y otra para el pie.
Lo que 24 horas significa en la práctica es que se coge el teléfono a cualquier hora y se te dice si tu problema se resuelve ahora o si sale mejor mañana. Lo segundo también es una respuesta, y es la que este sector no da nunca, porque a las cuatro de la mañana todos los avisos parecen igual de urgentes.
Lo que no significa es que a las cuatro de la mañana se pueda hacer lo mismo que a las once. Los proveedores están cerrados y lo que no va en la furgoneta no existe hasta que abran.
Qué se puede resolver de madrugada
Casi todo lo que devuelve el uso de la puerta esta misma noche.
Abrir es el trabajo nocturno por excelencia y el que menos depende del reloj: la herramienta va cargada y el cilindro que tienes puesto es el mismo a las tres que a las diez. Lo que decide el resultado es el mecanismo que lleve tu puerta, y cómo se hace, técnica por técnica, está contado en la página de apertura de puertas.
Dejar la vivienda cerrada entra igual a cualquier hora. Después de un intento de entrada, de una cerradura reventada o de una puerta que ya no engancha, lo urgente es que la casa aguante cerrada hasta mañana; unas veces eso pide una sustitución completa y otras basta un cierre provisional que llegue al amanecer.
Sustituir un cilindro es viable siempre que sea de formato corriente, porque los tamaños habituales de puerta de piso van cargados en la furgoneta. Si has perdido las llaves y hay prisa de verdad, porque el llavero llevaba encima algo con tu dirección, el bombín se cambia esa misma noche y las llaves perdidas dejan de abrir.
Y una llave partida se saca con la puerta abierta o cerrada, según dónde haya quedado el trozo. Después toca mirar si el cilindro sigue sirviendo, y esa segunda parte casi siempre puede esperar a mañana.
Qué conviene dejar para mañana
Aquí está la línea que casi nadie dibuja, y dibujarla ahorra dinero.
Una cerradura de gama alta, con cilindro de seguridad, tarjeta de propiedad y llaves registradas, se pide al proveedor con la persiana subida. A las cuatro de la mañana se instala lo que vaya cargado en la furgoneta, que suele ser otra gama. Si tu puerta lleva algo así y ha quedado utilizable, la noche se resuelve dejándola cerrada y el cambio bueno se hace después con la pieza que le corresponde.
Lo mismo vale para las cerraduras a medida, los cierres de local con motor y cualquier cosa que dependa de un recambio concreto.
Y hay un caso que se ve mucho y se decide mal: la cerradura de un portal o de una puerta común. Esa decisión es de la comunidad, y cambiar el bombín a las cuatro de la mañana deja sin llave a todo el portal a la vez. De noche se deja el portal cerrado y el cambio se acuerda para hacerlo con las copias ya preparadas.
La regla que sirve para casi todos estos casos cabe en una frase: de noche se deja la casa cerrada y el trabajo definitivo espera a que abran los proveedores. Cuando lo que necesitas es lo segundo, el cambio de cerraduras explica qué se cambia y por qué.
Recargos de noche, fin de semana y festivo
Existen. Decirlo aquí es más útil que esconderlo, porque quien llama de madrugada ya sospecha que los hay y lo que le preocupa de verdad es enterarse al final.
Cuánto son en tu caso se te dice por teléfono, antes de que salga nadie y dentro del precio completo, en la misma cifra. Tampoco vas a encontrar una tabla de recargos publicada, y la razón es sencilla: dependería de la hora exacta, del trabajo y del material, así que sería una tabla incumplible desde el primer día.
Si tu caso admite espera, pide las dos cifras: la de esta noche y la de mañana por la mañana. Con las dos delante decides tú. Es una pregunta razonable y se contesta.
Cómo se pide a las tres de la mañana
Igual que a cualquier otra hora, con dos cosas que a esa hora pesan más.
La primera es contar lo que hay dentro de la casa. Si hay un niño, una persona mayor, un animal o algo encendido en la cocina, va en la primera frase de la llamada. Cambia el orden de los avisos y a veces cambia también la técnica que se emplea en la puerta.
La segunda es la identificación, y funciona en los dos sentidos. Se pregunta siempre quién eres y por qué puedes entrar en esa vivienda; como a esa hora casi nadie tiene la escritura a mano, sirve una foto del contrato en el móvil, un vecino que te reconozca o lo que aparezca dentro cuando la puerta se abra: correspondencia a tu nombre, tus cosas, el juego de llaves de recambio. Al revés funciona igual. El técnico se identifica antes de tocar la cerradura y dice de parte de quién viene, y si a las tres de la mañana te da reparo abrirle el portal a un desconocido, tienes derecho a comprobarlo con una llamada antes de bajar.
El resto del proceso —qué se pregunta, cómo se cierra el precio, qué pasa si la puerta dice otra cosa al llegar— está escrito entero en la página de cerrajero urgente, y no cambia por ser de noche.
Cuando lo tengas claro, dinos qué ha pasado y lo separamos en la misma llamada: lo de esta noche y lo de mañana.


